Análisis de Experto
Experto verificado
Análisis general del producto
El Ravencraft FlyingSquirrel llega al mercado con una propuesta clara: ofrecer un señuelo blando tipo gamba con un sistema de plomo libre que busca maximizar el realismo en la caída. No es un concepto nuevo —llevamos años viendo imitaciones de crustáceo con acción gliding— pero la ejecución de Ravencraft merece atención. Lo he probado durante varias jornadas en el embalse de Mequinenza, en el tramo medio del Ebro y en algún que otro lago de aguas claras, con black bass y lucioperca como objetivos principales, y también algún lucio despistado.
La presentación del pack es limpia y cada talla viene individualizada, lo que se agradece para no mezclar las medidas. Las tres tallas (38, 43 y 50 mm) cubren un espectro amplio, pero no esperes milagros: la más pequeña es para situaciones muy concretas, mientras que la de 50 mm es la que más he utilizado en aguas turbias o con algo de vegetación.
Calidad de materiales y fabricación
El polímero empleado tiene una densidad correcta y una flexibilidad que aguanta razonablemente bien los dentellazos de un lucio mediano. He tenido picadas de ejemplares de hasta 60 cm y, salvo un par de mordiscos que dejaron marca, el señuelo mantuvo su integridad. No es indestructible —ningún vinilo lo es— pero supera a otras gambas blandas del mercado en cuanto a durabilidad del material, sobre todo si lo comparamos con ciertas marcas asiáticas cuyo plástico se rasga al segundo lance.
El sistema de plomo libre está bien resuelto: el weight se desliza sin holguras excesivas y permite lanzados precisos incluso con equipos ligeros. He montado el FlyingSquirrel con cabezales plomados de entre 3 y 7 g, y también con anzuelo offset asistido camuflado, que es mi configuración favorita para fondos con piedras. La caída es efectivamente lenta y balanceada, con ese vaivén lateral que promete la aleta trasera. Eso sí, en corrientes un poco vivas del Ebro, la gamba más pequeña (38 mm) pierde parte de su acción porque el plomo libre no lastra lo suficiente para mantener el control. Ahí prefiero la versión de 43 mm.
Rendimiento en el agua
El punto fuerte del FlyingSquirrel es, sin duda, la acción en el descenso. He probado recuperaciones lentas con pausas largas en fondo rocoso a unos 5 m de profundidad, y la gamba baja describiendo un suave zigzag que provoca picadas en el momento justo de la parada. En dos jornadas distintas —una con cielo cubierto y agua ligeramente turbia, otra a pleno sol con agua cristalina— he visto cómo esta acción es más efectiva que la de una vinilo convencional con cabeza fija. Los peces recelosos, esos que siguen el señuelo sin decidirse, suelen atacar en la pausa.
El glide no es tan pronunciado como el de un señuelo rígido tipo jerkbait, pero para tratarse de un blando cumple bien. He notado que la aleta trasera, aunque fina, genera suficiente resistencia para que el balanceo sea visible incluso en recuperaciones continuas a baja velocidad. En aguas claras y con peces muy presionados, la talla de 38 mm en tonos naturales (verde oliva) ha sido la más efectiva; en cambio, en agua turbia tras una lluvia fuerte, el naranja brillante de 50 mm me ha dado dos buenos luciopercas en la misma tarde.
El sistema de plomo libre también reduce los enganches, algo que he comprobado en fondos de escollera donde otras vinilos se quedaban clavadas. Al caer sin tensión, el peso se desplaza y el señuelo tiende a posarse sobre las piedras sin clavar el anzuelo. No es milagroso —en zarzas y ramas sumergidas te seguirás enganchando— pero mejora la experiencia en fondos complejos.
Puntos fuertes y aspectos mejorables
Puntos fuertes:
- Acción gliding realista en la caída, bien lograda para un señuelo blando.
- Polímero resistente, con buena durabilidad frente a dentelladas de lucio y lucioperca.
- Tres tallas bien diferenciadas que cubren desde la sutileza en aguas claras hasta la vibración en aguas turbias.
- Sistema de plomo libre que reduce enganches y mejora la tasa de picadas en la pausa.
- Buena versatilidad: funciona con cabezal plomado, offset asistido o montaje weedless.
Aspectos mejorables:
- La aleta trasera es un punto frágil; tras varias capturas o roces con piedras tiende a desgastarse y perder efectividad. Conviene revisarla y, si se rompe, recortar los restos para que no afecte al nado.
- La talla de 38 mm es muy justa para según qué montajes. Con un offset grande, el perfil se desvirtúa y pierde acción. Mejor usar cabezal fino para esa medida.
- Los colores más llamativos (rosa fluorescente) los veo algo justos de contraste en aguas muy turbias; una gama charteuse o un naranja más intenso ganaría enteros.
- El pack no incluye cabezales ni anzuelos; entiendo que es un producto independiente, pero para quien empieza, una versión con algún cabezal básico facilitaría la entrada.
Consejos prácticos
Si vas a usarlo en agua salobre —yo lo he probado en la desembocadura del Ebro—, enjuágalo bien con agua dulce al terminar la jornada. El plomo libre y el eje del montaje pueden oxidarse si no los cuidas, y eso acaba contaminando el polímero y acortando su vida útil. También recomiendo lubrificar ligeramente el eje del weight con un poco de grasa de silicona para mantener el deslizamiento suave.
Para montar el assisted offset, utiliza un anzuelo de alambre fino pero resistente; el Owner o el Gamakatsu en medidas 2/0 o 1/0 para la talla de 50 mm funcionan bien. Y no sobrecargues el señuelo con un plomo excesivo: con 5 g tienes suficiente para la mayoría de situaciones; 7 g solo si necesitas alcanzar profundidades de más de 6 m o corriente intensa.
Veredicto del experto
El Ravencraft FlyingSquirrel es un señuelo blando que cumple lo que promete y lo hace con una calidad de materiales por encima de la media en su rango de precio. No es la gamba definitiva (esa no existe), pero sí una herramienta versátil que encuentro útil en mi caja para jornadas de black bass y lucioperca, especialmente cuando los peces están apáticos y necesitas una presentación lenta y natural. La talla de 43 mm es mi recomendación para empezar; cubre la mayoría de escenarios y es la que mejor equilibrio ofrece entre lance, acción de nado y capacidad de lastre.
Se lo recomendaría a un pescador con algo de experiencia que quiera incorporar un gliding blando a su repertorio sin complicarse con montajes demasiado elaborados. Para el que empieza, quizá otras opciones más poliédricas (un stickbait clásico) le den más juego, pero si entiende el concepto y sabe aprovechar las pausas, el FlyingSquirrel le dará satisfacciones. Por mi parte, ya ha encontrado un hueco fijo en mi bolsa de embalse.


























