




El BLUX Rattle Tail es un señuelo duro de metal tipo jig/cucharilla de jigging pensado para una pesca muy efectiva y muy directa: provocar ataques por destellos, vibración y una caída que llama la atención. Está disponible en 38 mm y 44 mm, dos tamaños muy prácticos para spinning ligero y medio cuando el pez pasto es pequeño o cuando quieres una presentación compacta que se lance lejos y llegue rápido a la capa donde están comiendo los depredadores.
Lo que lo diferencia de un metal jig clásico es su enfoque “híbrido”: por un lado mantiene la ventaja de un cuerpo metálico (lance largo, hundimiento rápido, resistencia), y por otro incorpora una cola tipo paddle que añade un movimiento extra y una silueta más “viva” en recogida y en caída. Este tipo de señuelos es especialmente útil para trucha y black bass, pero también puede funcionar con perca, lucioperca y depredadores costeros en escenarios adecuados.
Un jig metálico tiene una ventaja clara: llega. Si hay corriente, viento o necesitas distancia, el metal corta el aire y aterriza donde otros señuelos se quedan cortos. Además, al hundirse rápido, te permite insistir en capas medias o cerca del fondo sin añadir plomos. En embalses, esto se traduce en pescar escalones y estructuras; en río, en trabajar pozas y correderas profundas sin perder demasiado tiempo.
El brillo del metal genera destellos a cada cambio de ángulo. Ese “flash” es un disparador de ataque para muchos depredadores, porque se parece a un pez pasto girando o intentando escapar. Si a eso le sumas una cola paddle, el señuelo no solo brilla: también late y se percibe con la línea lateral.
La elección del tamaño depende del escenario, del pez pasto y del equipo. El 38 mm suele ser ideal cuando el pez come pequeño, cuando el agua está muy clara o cuando pescas trucha y quieres una presentación discreta. El 44 mm aporta un poco más de presencia y suele ser más fácil de lanzar con viento o desde orillas abiertas. También puede seleccionar peces algo mayores cuando hay competencia de tamaño.

En un metal jig clásico, el estímulo principal es el destello y la caída. La cola paddle añade una señal extra: una vibración más “orgánica” cuando recuperas lineal y un pequeño aleteo al caer. Esto es especialmente útil cuando el pez está siguiendo pero no termina de atacar, o cuando pescas en agua algo tomada y necesitas que el depredador “sienta” el señuelo antes de verlo.
En la práctica, la cola hace que el jig no sea solo un metal brillante: se comporta como una presa que late. En trucha puede provocar ataques por irritación (algo invade su territorio). En bass puede activar la persecución cuando está cazando alevín pequeño, y en perca puede mantener el interés durante la caída en yo-yo.
Lanza, deja hundir 1–3 segundos y recoge a velocidad media. Busca una vibración constante y un destello regular. Esta técnica cubre agua rápido y es perfecta para localizar peces activos. Si hay ataques sin clavada, baja la velocidad y mete una pausa breve.
Deja bajar el jig hasta la capa donde crees que está el pez y levanta la caña para que suba unos metros; luego baja la caña y deja caer con tensión. En la caída se producen muchos ataques porque el señuelo parece una presa que se desorienta. Con trucha y bass, esta técnica puede ser determinante en días de peces apáticos.
Alterna 2–3 segundos de recogida con 1 segundo de pausa. En la pausa, el señuelo cae y la cola añade un movimiento extra. El cambio de ritmo imita un pez herido y dispara ataques por reacción.
En río, este tipo de metal jig funciona especialmente bien en pozas, entradas y salidas de corriente, y zonas donde el agua empuja y concentra alimento. En embalse, es un señuelo de búsqueda: puntas, escalones, paredes, zonas de roca y transiciones de fondo. Si pescas desde orilla, su ventaja de lance largo te ayuda a llegar a la “línea” donde patrullan los peces.
Si hay viento, el metal es una solución excelente: reduce el efecto del aire, cae más recto y te permite mantener una línea más controlada. Y en días en los que el pez está suspendido a media agua, el conteo te da control sin complicarte.
Estos tamaños suelen ir bien con cañas ligeras o medias, dependiendo del peso exacto que elijas y de tu línea. Un carrete 2000–3000 y un trenzado fino con bajo de fluorocarbono te dan sensibilidad para notar la picada en caída. Si pescas en zonas de piedras, sube un poco el diámetro del bajo para resistir abrasión.
Consejo práctico: en metal jigging, la tensión de la línea es parte de la “acción”. Si dejas demasiada barriga, pierdes control; si vas demasiado tenso, el señuelo cae sin naturalidad. Busca un punto medio: control con caída viva.
El mayor error con un metal jig es tratarlo como una cucharilla de superficie. La gran ventaja de estos señuelos es que puedes pescar por capas. Para hacerlo fácil, usa un conteo aproximado: lanza, deja hundir 1–2 segundos para pescar arriba, 3–5 segundos para media agua y algo más si quieres acercarte al fondo. No hace falta precisión matemática, solo consistencia para repetir la capa donde has tenido el toque.
Además del conteo, el ángulo de la caña cambia la profundidad: con puntera baja y recogida estable, el señuelo tiende a mantenerse más abajo; con puntera alta y recogida lenta, lo mantienes más somero. Si pescas en río, la corriente también influye: en contra de corriente sube más y en favor de corriente baja más rápido. Ajusta con pequeños cambios y verás cómo aparecen las picadas.
En jigs metálicos, el color funciona sobre todo por contraste y por el tipo de destello. En agua clara suelen rendir mejor los acabados naturales o plateados discretos. En agua tomada o con cielo cubierto, sube el contraste y busca acabados más reflectantes. Si hay mucha presión de pesca, alternar entre un tono muy natural y uno más llamativo puede ser el cambio que necesita el pez para atacar.
Un consejo práctico: cuando el pez acompaña pero no muerde, prueba a introducir una pausa corta. En esa caída, el jig cambia el ángulo y muchas veces produce un destello diferente que dispara el ataque.
Por su naturaleza, el metal jig trabaja cerca del fondo y puede enganchar si lo arrastras. Para reducir pérdidas, intenta mantenerlo a centímetros del fondo en lugar de apoyarlo. En zonas con piedra o ramas, usa yo-yo con tirones más cortos y evita pausas largas sobre estructura. Si notas un toque de fondo, sube ligeramente la puntera o acelera medio segundo para levantar el recorrido.
En embalses con rocas, un bajo de fluorocarbono un poco más resistente ayuda. Y revisa siempre el anzuelo después de un enganche: si se abre o se desafila, las picadas se convierten en fallos.
Este tipo de metal jig rinde mejor cuando lo haces pasar por “zonas de decisión”. En río, suelen ser entradas y salidas de poza, bordes de corriente y sombras donde el pez se coloca a esperar. En embalse, busca puntas, escalones, cambios de fondo y zonas de alevín. En ambos casos, el metal jig te permite cubrir agua rápido, pero el truco es repetir la trayectoria cuando notes el primer toque.
Si pescas desde orilla, una estrategia muy simple es lanzar en abanico para localizar actividad y, cuando aparezca la primera respuesta, repetir el mismo ángulo y ajustar solo la cadencia. Muchas veces el pez está en una ventana muy concreta (un escalón, un claro entre piedras) y el metal jig es perfecto para insistir sin cambiar de montaje.
En jigs metálicos, muchas picadas entran en la caída. Por eso es importante mantener tensión ligera en la bajada: así notas una parada o un toque y puedes clavar. La clavada no necesita ser violenta; un movimiento firme y continuo suele bastar. Ajusta el freno de forma progresiva para evitar desgarros, especialmente con peces que cabecean.
Y no olvides la seguridad: los anzuelos (simples o triples según montaje) se clavan con facilidad. Usa alicates para desanzuelar y evita manipular el señuelo con la línea tensa cerca de las manos.
Incluye 1 metal jig BLUX Rattle Tail (tamaño según selección: 38 mm o 44 mm).















perfecto, aunque mini

muy buena presencia
bueno