Análisis de Experto
Experto verificado
Análisis general del producto
Llevo ya un par de temporadas con este inclinómetro pegado en el mamparo de estribor, justo a la altura de la vista desde el puesto de gobierno, y se ha convertido en uno de esos instrumentos que pasan desapercibidos hasta que los echas de menos. No es un gadget vistoso ni presume de tecnología punta, pero cumple su función con una fiabilidad que muchos equipos electrónicos desearían. Lo he usado en regatas de vela ligera con un J/80, en travesías de crucero con un First 35 y hasta en algún fin de semana de navegación costera con un Bavaria 38 prestado; en todos los casos la respuesta ha sido consistente. El rango de -45° a +45° cubre holgadamente cualquier situación real: rara vez se superan los 30° de escora en crucero y, si lo haces, ya tienes problemas más gordos que leer el ángulo exacto.
Calidad de materiales y fabricación
El cuerpo es un plástico compacto, inyectado sin rebabas visibles, con un acabado mate que evita reflejos molestos bajo el sol de mediodía. El tubo amarillo —el corazón del instrumento— está moldeado en una sola pieza y las dos bolas de acero se desplazan con una fluidez que denota un fluido de amortiguación bien elegido: ni tan viscoso que lastré la respuesta, ni tan libre que las bolas reboten con cada ola. El adhesivo de fábrica viene protegido por una lámina que se retira limpiamente; tras más de dieciocho meses expuesto a salitre, radiación UV y ciclos de temperatura entre 5 °C y 35 °C, no ha dado la menor señal de despegue ni burbujeo. Eso sí, la preparación de la superficie es clave: yo siempre desengraso con acetona y doy una pasada ligera de lija de grano fino en gelcoat o fibra antes de pegar. En una consola de policarbonato con algo de cera residual el primer intento falló a las dos semanas; limpiado a fondo, el segundo sigue firme.
La graduación está impresa en negro sobre fondo amarillo, con marcas cada 5° y numeración cada 10°. El contraste es excelente incluso con luz rasante al atardecer, y la burbuja de referencia central —una pequeña esfera translúcida— permite verificar al instante que el montaje ha quedado vertical. No he apreciado deriva ni burbujas de aire en el tubo tras golpes de mar fuertes, lo que habla bien del sellado.
Rendimiento en el agua
En la práctica, la lectura es inmediata. Un golpe de vista lateral —sin apartar la cabeza del rumbo— te da el ángulo con una precisión más que suficiente para decisiones de trimado: ¿estamos en el ángulo óptimo de VMG o conviene abrir un par de grados y aligerar mayor? En regata de flota, donde cada décima de nudo cuenta, he comprobado que la indicación coincide dentro de ±1° con el inclinómetro de mástil del barco comité (un modelo electrónico calibrado). En cruce de olas de proa a 25 nudos, la amortiguación del fluido evita que las bolas bailen; la indicación se estabiliza en un par de segundos, lo bastante rápido para ajustar el traveler o el carril de génova sin perder el ritmo.
Un detalle que valoro: al no depender de pilas, sigue funcionando cuando la instrumentación de a bordo falla —y falla más a menudo de lo que quisiéramos—. En una travesía nocturna entre Mallorca y Menorca, el sistema eléctrico del barco sufrió un corte total por un relé fundido; el inclinómetro mecánico fue el único referente de escora durante las tres horas que duró la reparación a la luz de frontales. Para navegación nocturna habitual, sin embargo, echo en falta una retroiluminación propia: con la luz de cubierta roja se lee aceptablemente, pero en oscuridad total hay que iluminar el tubo con el frontal. Quien navegue mucho de noche debería plantearse complementarlo con un modelo luminoso o una pequeña tira LED adhesiva junto a la escala.
El montaje vertical es obligatorio. Probé a colocarlo en horizontal sobre el techo de la bañera «para tenerlo más a mano» y la lectura es errática: las bolas no se centran bien y la gravedad actúa en el eje equivocado. El fabricante lo deja claro y la física no perdona.
Puntos fuertes y aspectos mejorables
Lo mejor:
- Cero mantenimiento real: un paño húmedo con jabón neutro cada pocos meses y listo. Ni pilas, ni calibraciones, ni actualizaciones de firmware.
- Contraste y legibilidad: el tubo amarillo/negro es imbatible a pleno sol; no hay pantalla LCD que se vele con gafas polarizadas.
- Instalación sin herramientas: quince segundos y una superficie limpia. Ideal para barcos de alquiler o para llevar en la bolsa de regata y pegar en el momento.
- Robustez probada: salitre, golpes, UV, temperatura extrema… y sigue como el primer día.
Lo mejorable:
- Sin iluminación integrada: obliga a llevar frontal o luz de cubierta encendida para leer de noche.
- Adhesivo sensible a contaminantes: si la superficie tiene cera, silicona o grasa, no agarra. Hay que ser riguroso con la limpieza previa.
- Lectura única de escora: no da cabeceo (pitch), algo que en regata de altura puede ser útil. Para eso hace falta un modelo biaxial o dos unidades montadas a 90°.
- Rango limitado a ±45°: suficiente para 99 % de los casos, pero en vuelcos extremos o pruebas de estabilidad formales se queda corto.
Veredicto del experto
Es una herramienta honesta, bien resuelta y barata para lo que aporta. No sustituye a un paquete de instrumentación completa —ni lo pretende—, pero como referencia primaria de escora o como respaldo a prueba de fallos eléctricos, no tiene rival en su categoría de precio. Lo recomiendo sin dudar para cualquier barco de vela ligera, crucero-regata o incluso para el 4×4 del remolque si quieres controlar la inclinación en trialeras. Mi consejo: compra dos unidades. Una para el mamparo de estribor (lectura principal) y otra para el de babor, así tienes visión cruzada sin girar la cabeza en ceñida cerrada. Y, por favor, dedica tres minutos a limpiar bien la zona de pegado con acetona; el adhesivo te lo agradecerá durante años.











