





Pescar a boya es una de las formas más efectivas y entretenidas de buscar carpas y otros ciprínidos, porque convierte cada toque en información. Un buen flotador no solo “marca” la picada: te ayuda a entender qué ocurre bajo el agua (si el cebo cae, si hay deriva, si el pez levanta el plomo o si está mordisqueando). Este flotador FTK “Light On The Dark” está pensado para ofrecer alta visibilidad y una lectura limpia en condiciones de poca luz, gracias a su acabado luminoso. El pack incluye 5 unidades y cubre longitudes de 19 a 23 cm con capacidades aproximadas de 2 a 6 g.
En la práctica, tener varios flotadores con rangos similares te permite preparar diferentes líneas o ajustar el montaje según cambie el viento, la profundidad o la distancia de pesca. En carpfishing ligero o en pesca tradicional de carpa a boya, esa flexibilidad es clave para pescar cómodo durante horas.
La cifra de gramos en un flotador se refiere a la carga (plomado) con la que trabaja correctamente. Si cargas de menos, el flotador queda demasiado fuera del agua y será más sensible al viento y a la deriva. Si cargas de más, se hundirá o quedará “ahogado” y perderás lectura de la picada. Con un rango 2–6 g puedes cubrir desde pesca cercana en aguas tranquilas (2 g) hasta escenarios con algo de viento o distancia (6 g).
Una regla sencilla: ajusta el plomeado para que solo asome la parte que quieres ver (normalmente la antena) y deja el cuerpo del flotador lo más estable posible. Esa estabilidad te permitirá distinguir una picada real de un simple movimiento del agua.
La elección no es “el más grande o el más pequeño”, sino el más adecuado al escenario:
La profundidad también influye. En aguas profundas, la línea hace más barriga y cuesta mantener contacto; un flotador más cargado ayuda. En somero, conviene aligerar para evitar que el plomo caiga con violencia y espante al pez.
Un montaje clásico funciona en la mayoría de situaciones: línea principal, flotador, plomos repartidos (o un bulk principal y algún perdigón de ajuste), bajo y anzuelo. El objetivo es que el cebo caiga natural y que el flotador quede estable. Para cebos típicos de carpa (maíz, pellet, masa, pan), ajusta el tamaño del anzuelo y el grosor del bajo en función de la talla esperada.
Si pescas a media agua o quieres una bajada más lenta, reparte los plomos. Si quieres que el cebo baje rápido al fondo (por ejemplo, cuando hay peces pequeños molestando arriba), concentra parte del peso en un plomo principal y deja un perdigón cerca del bajo para controlar la presentación.
Calibrar bien el flotador te ahorra frustración. Un método práctico:
Cuando esté bien, una picada de carpa se verá como una subida lenta, un desplazamiento lateral o una hundida franca. Si todo se mueve de forma errática con el viento, te falta peso o te sobra línea suelta.
La luz cambia la pesca. En amanecer y atardecer, muchas carpas se acercan a orilla y comen con confianza. Un flotador luminoso permite seguir leyendo la picada cuando la luz cae, sin tener que forzar la vista. No significa que el flotador “atraiga” al pez, sino que tú ves mejor el momento de clavar y reduces fallos.
En pesca nocturna, la antena visible te ayuda a mantener la concentración y a reaccionar a tiempo. Aun así, conviene complementar con una buena iluminación del puesto y una técnica de clavada suave: de noche es fácil sobrerreaccionar y romper el bajo.
Cuando el agua está fría o hay mucha presión de pesca, la carpa y los ciprínidos pueden comer con mucha cautela. En esos casos, el flotador se vuelve tu “sensor” principal. Para sacarle partido:
Un ajuste fino muy útil es dejar el flotador ligeramente “a punto”: que asome solo lo justo. Así, cuando el pez aspire el cebo y se mueva, verás la señal más clara. Si lo dejas demasiado fuera del agua, el viento manda; si lo dejas demasiado dentro, pierdes lectura de subidas.
En carpa, el cebado es casi tan importante como el montaje. No hace falta cebar a lo loco: muchas veces funciona mejor un cebado pequeño y constante (unas pocas bolas de engodo, maíz o pellet cada cierto tiempo) para mantener el pez interesado sin saciarlo. Si hay peces pequeños, usa cebos más selectivos o incrementa el tamaño del anzuelo.
Cuando encuentres un ritmo de picadas, evita cambiarlo todo a la vez. Ajusta una sola variable: profundidad, plomeado o tamaño de cebo. Ese método te permitirá entender qué está funcionando. En embalses, suele ser clave localizar el escalón o el fondo “duro”; en ríos lentos, busca remansos y bordes de corriente donde el pez pueda comer sin gastar energía.
El enemigo número uno de la pesca a boya es la deriva. Si el viento o una corriente suave arrastran el flotador, el cebo se desplaza fuera del cebadero y la lectura de la picada se vuelve confusa. Para minimizarlo, combina tres ajustes:
La idea no es convertir la presentación en un “ladrillo”, sino lograr que el flotador marque la picada y no el viento. En cuanto el flotador se estabiliza, empiezas a ver micro señales reales: pequeños desplazamientos, temblores o subidas lentas.

En carpa a boya, no todas las picadas son una hundida franca. Dependiendo del plomeado y de cómo el pez tome el cebo, puedes ver:
En cualquiera de los tres casos, la clave es no clavar por reflejo al primer movimiento dudoso. Espera una señal coherente (continuidad) y clava con firmeza progresiva, manteniendo tensión. Un flotador bien plomado hace que esas señales sean más limpias y repetibles.
En condiciones de poca luz, el valor del flotador luminoso es que te permite seguir leyendo. Para aprovecharlo mejor:

Incluye 5 flotadores FTK (longitud 19–23 cm y cargas 2–6 g, según selección).















El producto no llegó.
Justo lo indicado
Todo llegó tal como se describió.
Esta no es mi primera compra, realmente me gustan. Lo único es que la antena inferior necesita ser reforzada de alguna manera.
Arriba
gracias
gracias
Excelentes flotadores