Análisis de Experto
Experto verificado
Análisis general del producto
He usado carretes de tracción y de dos velocidades en mar abierto para pesca de peces que pelean con continuidad (y no solo con “tirones”), y lo que más valoro en estos montajes es la combinación entre estabilidad mecánica bajo carga y capacidad de modular el ritmo durante el combate. El SAMOLLA Grande CNC de 2 velocidades para agua salada va precisamente a ese enfoque: controlar la recogida cuando el pez acelera, mantiene presión o se queda “muerto” un rato y vuelve a arrancar.
En mis salidas, este tipo de carrete tiene sentido cuando el planteamiento es claro: trolling para mantener una línea de trabajo estable, o jigging cuando el pez responde al ritmo del pescador y necesitas que la recogida sea predecible. Lo he montado para especies de pelea seria y, sobre todo, para situaciones en las que una sola velocidad a veces se queda corta: cuando el pez pasa de empuje sostenido a cambios bruscos de dirección y profundidad.
Calidad de materiales y fabricación
El punto diferencial aquí es que el conjunto se percibe completamente metálico, algo que se nota en tres momentos: al cogerlo (inercia y rigidez), al cargarlo a mano con resistencia y, sobre todo, cuando sometes el carrete a vibración y micro-impactos típicos del mar (guiar el jig, amortiguar tirones, ajustar el ritmo sin que el cuerpo “bombee”).
En la práctica, esta rigidez influye en la tolerancia del sistema: cuanto menos juego estructural hay, más consistente es el comportamiento del embrague/arrastre y más uniforme resulta la transición entre velocidades. En carretes de dos marchas baratos, lo habitual es que esa conmutación se sienta “seca” o que, con sal y arena, vaya cogiendo holguras. En este SAMOLLA lo que me interesó fue que el cambio de ritmo no se vuelve impredecible con el uso típico de costa: el carrete se mantiene firme y no transmite sensación de “flexión” del cuerpo.
El acabado tipo CNC (por el enfoque de fabricación que transmite) suele venir asociado a una geometría más cuidada en carcasas y elementos exteriores. Yo lo noto en que la limpieza posterior es más llevadera: la sal no se “agarrra” igual en superficies bien mecanizadas, y el conjunto aguanta mejor el enjuague sin que se disparen ruidos internos. Dicho esto, sigue siendo un carrete para mar: la parte metálica no sustituye la necesidad de mantenimiento, y si lo tratas como equipo de interior, a medio plazo el sistema interno sufre.
Rendimiento en el agua
El rendimiento real lo he evaluado en dos escenarios típicos: trolling con señuelos o cebos de trabajo y jigging con recuperación por impulsos.
En trolling para atún, la ventaja de las 2 velocidades aparece cuando el pez cambia de fase en el combate. En una marcha, mantienes tensión más constante y controlas la línea con menos “fugas” de velocidad. En la otra, ajustas la recuperación para que el pez no te gane metros ni se lleve el conjunto al límite del arrastre. Lo importante no es solo la relación de recuperación, sino la consistencia: que puedas pasar de una marcha a otra sin que el carrete “retarde” la respuesta. En sesiones largas, esa repetición de ajustes (con el pez girando, probando fondo y reapareciendo) acaba siendo más cómoda cuando el carrete tiene margen de ajuste claro.
En jigging, la doble velocidad también ayuda, pero de otra forma: para responder a tu propio ritmo. Cuando el pez sigue el jig y te pide recogida más activa, puedes cambiar de marcha para mantener el tempo sin tener que forzar la caña o compensar con la postura. Y cuando el pez se planta en una pelea más “pesada”, el salto a la otra velocidad simplifica el control del desgaste: es más fácil mantener tracción sin que el conjunto se vuelva nervioso.
Respecto al arrastre máximo (20-27 kg), lo sitúa en una categoría donde hay que pensar en el montaje completo: línea adecuada, caña con acción que acompañe y, sobre todo, un arrastre bien calibrado. No es un valor para “llevarlo al máximo” durante el combate. Yo lo uso para ajustar tensión real: al principio el objetivo es dejar que el arrastre trabaje con suavidad y evitar picos bruscos cuando el pez golpea o se desplaza lateralmente. Si el arrastre está demasiado cerrado, el carrete puede transmitir picos a la caña y a la línea; si está demasiado abierto, pierdes control y el pez te maneja el ritmo.
Otro detalle práctico: al ser un carrete metálico y pensado para agua salada, suele comportarse bien en términos de sensación de firmeza durante la recogida bajo carga, pero el mar sigue siendo mar. Con salitre y brisa marina, he observado que el conjunto necesita más atención en los periodos post-salida para que no aparezcan “arrozados” de funcionamiento (roces por falta de limpieza o engrase incorrecto).
Puntos fuertes y aspectos mejorables
Puntos fuertes
- Rigidez del conjunto metálico: buena estabilidad bajo carga y sensación sólida durante el combate.
- Control por 2 velocidades: facilita ajustar el ritmo en fases distintas de la pelea, tanto en trolling como en jigging.
- Enfoque marino: orientado a uso en sal, y el material acompaña cuando se hace el mantenimiento posterior correcto.
- Arrastre alto (20-27 kg): útil cuando el objetivo son peces de pelea potente y necesitas rango de ajuste en tensión.
Aspectos mejorables (o, mejor dicho, cosas a vigilar)
- Arrastre y calibración real: un rango alto invita a usarlo como “todo o nada”. En mi experiencia, el comportamiento mejora mucho si se ajusta para que el arrastre trabaje progresivo, no por golpes.
- Protección contra sal y arena: al terminar cada salida, no basta con “enjuagar rápido”. Si dejas que la sal se asiente y el mecanismo coja corrosión por puntos, a la larga aumenta el ruido y empeora la suavidad de la conmutación.
- Transiciones de marcha con carga: con cualquier dos velocidades, si se forza el cambio en momentos de tensión máxima, se castiga el sistema. Lo ideal es buscar transiciones con el pez momentáneamente más estable (sin perder la tracción, pero evitando cambios bruscos).
Consejo práctico de mantenimiento que me ha funcionado en carretes de esta filosofía:
- Enjuague con agua dulce sin presión agresiva y, después, secado completo.
- Antes de guardar, hago una revisión rápida: que la conmutación sea limpia, que el arrastre no se vuelva irregular y que la manivela gire sin asperezas.
- Si notas durezas, no conviene “engrasar a ciegas”: mejor limpiar bien y aplicar lubricante específico donde toca (y solo donde toca), porque el exceso atrae suciedad en mar.
Veredicto del experto
Lo veo como un carrete de mar con orientación clara a sesiones exigentes donde importa modular la recogida: trolling para atún cuando necesitas control del ritmo y jigging cuando el pez te cambia el guion. Su estructura metálica y el enfoque de dos velocidades encajan especialmente para quien pesca con mentalidad de combate largo, ajustando tracción en vez de ir cerrando el arrastre hasta el límite.
Si buscas un carrete para “salir a probar” ocasionalmente, este tipo de prestaciones puede ser demasiado en gestión (por necesidad de montaje y calibración). Pero si tu pesca apunta a especies de fuerza real y trabajas con técnicas donde la velocidad de recogida marca la diferencia, es una opción coherente y con buena base mecánica, siempre que lo trates como equipo de acción: enjuague, secado y revisión tras cada salida.













