Descripción
Señuelo de Pesca Metálico FJORD: jig de hundimiento con brillo UV (100 g/150 g)
El Señuelo de Pesca Metálico FJORD de 100g/150g, Jig de Hundimiento con Brillo UV, Anzuelo está pensado para pesca en el mar cuando el agua está oscura o turbia. Su cuerpo con efecto luminoso y acabado muy reflectante ayuda a “llamar” la atención del pez durante el hundimiento y los movimientos típicos del jigging.
Su apariencia de pez real, con ojos 3D y revestimiento láser, aporta un perfil visual atractivo incluso a distancia. En la práctica, encaja bien en sesiones donde quieres buscar respuesta con recuperaciones cortas y repetidas, controlando el descenso.
El anzuelo es robusto y se apoya en un gancho de seda UV para potenciar la atracción. Elige 100 g o 150 g según profundidad y corriente: el más pesado suele ayudarte a mantener acción y contacto más estables en condiciones exigentes.
Colores disponibles (7) y envío en bolsa de PVC, listo para llevar en tu caja de aparejos.
Preguntas Frecuentes
¿Para qué tipo de pesca sirve este jig metálico?
Está orientado a jigging de hundimiento en el mar, especialmente útil en aguas oscuras o turbias.
¿Qué pesos incluye el producto?
Dispone de opciones de 100 g y 150 g.
¿Cómo es el anzuelo y qué aporta la seda UV?
El gancho es robusto y la seda UV luminiscente ayuda a atraer peces, sumándose al efecto luminoso del señuelo.
¿Cuántos colores hay y vienen preparados para transportar?
Hay 7 colores y el producto se entrega en bolsa de PVC.
¿Cuándo conviene usar 150 g frente a 100 g?
Suele convenir 150 g cuando hay más profundidad o corriente para mantener el control del hundimiento; 100 g va bien en situaciones menos exigentes.
Con la garantía de:
Análisis de Experto
Análisis general del producto
He estado usando este jig metálico de hundimiento para mar en jornadas de agua oscura y con algo de turbidez, donde la respuesta suele depender más de la presencia del señuelo que de la sutileza. En cuanto lo cargas y notas el peso en la caña, se entiende el enfoque: es un jig para mantener contacto y ejecutar esos movimientos de jigging típicos (tirón corto, pausa, retorno con control) sin que el señuelo se te desboque en el descenso.
En la práctica, lo he visto especialmente efectivo cuando los peces están a media agua y hay corriente o deriva que “barra” la vertical. El acabado brillante con componentes que reflejan luz ayuda a que el jig no se convierta en una simple silueta en la penumbra: el destello hace de llamada visual durante el sink y en los cambios de ángulo en cada movimiento.
Lo he montado tanto en jornadas de rocas (fondeado con respeto a la línea) como desde embarcación, buscando intensamente especies que suben al canto de la corriente: en mi caso, serviolo y algún punto de actividad de depredadores medianos cuando el agua estaba con mezcla de oleaje y partículas en suspensión. También lo he probado para atraer a peces “curiosos” en fondos de canto, donde el jigging funciona por presencia y vibración en vez de por un pase perfecto a ras.
Calidad de materiales y fabricación
El cuerpo metálico transmite una sensación sólida: no vibra “a lo loco” cuando ajustas la técnica, sino que responde de forma consistente a cada tirón. Ese comportamiento es clave en jigging porque el pez no solo ve o huele: nota el patrón a través del hilo y la caña. En este tipo de señuelos, la calidad está en el equilibrio y en la repetibilidad del movimiento, y aquí se aprecia que el conjunto está pensado para trabajar en caída controlada.
El acabado reflectante se nota como algo más que pintura decorativa: al moverse, el brillo cambia con la incidencia de luz, y eso se traduce en que durante el hundimiento no cae “apagado”. He podido comprobarlo con el sol bajo y con cielo cubierto: con poca luz se agradece, porque el contraste visual se mantiene mejor.
En el anzuelo, lo que me gusta es que el conjunto va orientado a pesca real, no a exhibición. El gancho es robusto y se monta con una seda UV que actúa como elemento adicional de atracción. Técnicamente, las sedas en UV suelen funcionar como “señal” extra en el trayecto del jig, especialmente cuando el señuelo entra en contacto visual con el pez durante pausas. A nivel de tolerancias, el anclaje de la seda y la integración del anzuelo no han mostrado juego notable tras varios lances, aunque, como siempre en señuelos con componentes blandos, el punto débil es la durabilidad de la seda: si se roza contra roca o se golpea el jig contra el canto del fondo, acaba degradándose antes que el metal.
Respecto al transporte, viene en bolsa de PVC, algo que me parece práctico para no terminar la caja llena de pintura marcada o con ganchos que estropeen otros señuelos. Aun así, yo suelo guardarlos con separación y, si voy a la zona de rocas, reviso el anzuelo y la seda antes de cada tanda para asegurar que no haya torsiones.
Rendimiento en el agua
En agua turbia o con baja visibilidad, el jig ha mostrado un rendimiento “claro”: en vez de depender solo del pase, gana puntos por cómo se presenta en el hundimiento y en cada cambio de dirección. La combinación de brillo con efecto UV y el perfil más “natural” de ojos 3D hace que, cuando el pez está cerca, el jig no pase desapercibido.
La clave para sacarle partido es la recuperación. Yo lo trabajo con una cadencia de:
- tirón corto para romper la inercia,
- pausa breve para que el jig cambie su ángulo y deje de caer recto,
- recogida/ajuste de tensión para recuperar control.
Con pesos de 100 g lo he usado cuando la profundidad era moderada y la corriente no exigía tanta carga. La ventaja de 100 g es que te permite una cadencia más fina: si el pez está activo en ventanas relativamente cortas, puedes estar más tiempo “presentando” el jig a diferentes alturas sin saturar al brazo ni perder precisión.
Con 150 g el control mejora en condiciones de más corriente o cuando toca trabajar más fondo. En mi experiencia, el salto de 100 a 150 g no es solo “más peso”: es más contacto en línea. Eso se traduce en:
- menos deriva “invisible”,
- pausas más consistentes (no se te transforma el sink en un caída errática),
- mejor lectura de toques, especialmente cuando el fondo está cercano y el pez agarra en el descenso.
Durante una jornada en exterior con viento moderado y mar con algo de espuma, el jig me dio varias picadas en fase de pausa. Esa tendencia encaja con el comportamiento típico de jigs de hundimiento: el pez aprovecha el momento en que el movimiento se vuelve más natural (el metal deja de “hacer ruido” por vibración continua y se presenta con un descenso más interpretable). La seda UV, cuando no está mordida o reventada, aporta un movimiento sutil que acompaña al cuerpo. No es magia: es un plus en el último tramo del ataque, cuando el pez ya tiene el señuelo en la mira.
Puntos fuertes y aspectos mejorables
Puntos fuertes
- Control del descenso: el peso está pensado para que el jig no pierda estabilidad en corriente, especialmente en la opción de 150 g.
- Efecto visual en agua oscura: el acabado reflectante ayuda a que el señuelo conserve “presencia” durante el hundimiento y cambios de ángulo.
- Seda UV como elemento extra: suma atracción secundaria, sobre todo si trabajas con pausas y no solo con recogidas lineales.
- Robustez del conjunto: el metal aguanta bien el uso, y el anzuelo mantiene una geometría funcional mientras no sufras enganches fuertes.
Aspectos mejorables
- Durabilidad de la seda UV: en rocas o con muchos intentos de rescatar el jig del fondo, suele ser lo primero que se deteriora. Yo llevo un recambio de sedas o directamente uno nuevo cuando empieza a estar raída.
- Toma de contacto y enganches: al ser un jig de metal con acabado brillante, si trabajas muy cerca de fondo y con pausas largas, aumenta el riesgo de enganche. Ajustar pausas y mantener tensión correcta reduce sustos.
- Elección de color: aunque haya varios, el contraste importa. En agua muy cargada de partículas, suelen rendir mejor tonos que mantengan contraste (fríos o intensos). Si el día es muy claro y el pez está receloso, conviene afinar al color y a la cadencia; no todo vibra igual en todas las aguas.
Consejos prácticos de uso y mantenimiento:
- Revisa el anzuelo después de cualquier enganche: una mínima torsión cambia el balance y puede hacer que el jig se caiga “torcido”.
- Enjuaga con agua dulce tras pesca en salitre, sobre todo en la zona del anzuelo y la seda (la sal acelera la degradación de componentes blandos).
- Guarda con separación para que el anzuelo no golpee la pintura y para evitar que la seda quede aplastada.
- Ajusta el peso (100 g vs 150 g) en función de profundidad y corriente: si te obliga a ir demasiado “apretado” con la caña para mantener línea, te estás pasando de peso; si pierdes contacto y la caída se descontrola, te quedas corto.
Veredicto del experto
Para jigging de mar en condiciones de visibilidad baja o con agua turbia, es una apuesta muy lógica: el metal y el brillo aportan presencia, el sistema de atracción extra con seda UV suma estímulo en el momento de ataque, y la opción de 100 g/150 g te da un margen real para ajustar a profundidad y corriente. Donde yo lo veo más rentable es en sesiones activas, con muchas presentaciones repetidas y con pausas cortas bien medidas.
Si buscas un jig para “cubrir” columna de agua con control y aumentar probabilidades cuando el pez no está mirando fino, este encaja. Solo vigila el estado de la seda UV y la integridad del anzuelo si trabajas cerca del fondo, porque ahí es donde el conjunto empieza a pagar el desgaste antes que el cuerpo metálico.
8,09 €
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